viernes, 4 de julio de 2008

Entrevistados en Casar de Miajadas

... Y seguimos presentándoles a nuestros protagonistas, a aquellas personas que nos están ayudando a entender aquella otra parte de la misma historia, la parte "no oficial" del proceso de asentamiento y el desarrollo de sus vidas en estos nuevos pueblos.


Antonio Mogollón llegó a Casar de Miajadas con 32 años, en 1966 y venía de Escurial, pero llevaba 16 años trabajando en Ciudad Real, en el carbón. Tomó la decisión de venirse porque en la finca donde vivía, no disponían de ningún tipo de servicios, al pueblo que tenían más cerca tardaban en llegar tres horas en burro.

"Aquí, a este pueblo vino mucho personal, buena gente y toda trabajadora, pero el IRYDA metió la pata. Lo primero es que hicieron las parcelas muy chicas, de cuatro o cinco hectáreas, malas tierras y no daban rendimiento. Nos vimos negros para criar a los hijos, porque hasta que no pasaron unos años... bastantes, no empezamos a tirar para adelante. Y, al principio, yo estaba a hacer alguna para que me echasen, porque no podíamos ni comer aquí. Luego ya nos hemos alegrado mucho de estar aquí" (11/04/08).


Daniel López es de Pasarón de la Vera, llegó también en 1966, con 42 años y tres hijos. Antes de solicitar la parcela trabajaba de mediero, por lo que conocía muy bien el regadío. Tomó la decisión de irse a vivir a un pueblo de colonización ante la opción de emigrar a Alemania.

"La cosa es que nosotros nos hemos defendido, porque aquí se tuvo que ir la mitad de la gente. Un año nos quedamos sólo 14, había días que te levantabas y te decían: 'pues esta noche se ha ido fulano, esta noche se ha ido mengano. Porque con cuatro o cinco hectáreas no se podía vivir ¡y mira que ha habido gente buena y trabajadora aquí!...pero no se podía" (11/04/08).




Angel Serrano vino de Zurbarán, con tres hijos. Al ser colono de 2ª generación, conocía a la perfección las técnicas del regadío, así como el funcionamiento de estos nuevos pueblos. Fue presidente de la Junta de Colonos en Casar de Miajadas a principios de los años 80.

"Yo soy hijo de colono. Y yo, a la colonización, vine antes que ellos, por lo menos a estos pueblos, porque llevaba ya 15 años en Zurbarán, allí me casé. Cuando llegué de Zurbarán, este pueblo estaba hecho sólo al 50%. Me tocó también trabajar en la obra, me tocó sacar para adelante el pueblo; y es que este pueblo se acabó de rematar en el 81, todas las casas de obreros, de colonos, algunas hay sin terminar. Entonces fue cuando se terminó la Iglesia. Hasta entonces se habían estado haciendo aquí, en la cooperativa, las misas, los bautizos y todo".




Juan Francisco Rodriguez procedía de Siruela, llegó cuando tenía 36 años, en 1966 y con tres hijos. Se había dedicado siempre al campo, pero al ecano, por lo que no conocía el regadío.

"El perjuicio para estas tierras fue que las habían nivelado, lo hicieron fatal".






Juana Sánchez Moreno procede de Garganta La Olla. Llegó a Casar de Miajadas en 1966, con 30 años. Tiene cinco hijos. Su marido era de Pasarón de la Vera y, antes de trasladarse a este pueblo, era encargado de una finca cerca de Talavera de la Reina, por lo que sabía cómo se trabajaba el regadío. Juana no estaba de acuerdo con la decisión que tomó su marido de empezar una nueva vida en este pueblo y le costó mucho adaptarse.


"Aquí no había nadie, ¡si los mayorales han venido después que nosotros! Cuando nosotros llegamos estaba el pueblo a medio hacer, y los que vivían aquí eran los albañiles y los colonos que iban vinierndo. Las casas estaban medio hechas. No había ventanas, teníamos que tener mantas puestas en las ventanas. Ahí, en el water, como estaban en obras, pues yo puese muchos bloques en la ventana del servicio para que no me entrara luz ni me entrara nada, y en la cocina igual. Así que venir aquí, que ni había escuela entonces, ni había agua, ni había luz, ni había médico, y las calles... que había que ponerse botas de goma hasta las rodillas para poder entrar en casa... yo me eché a llorar y todavía no he dejado de llorar"(24/04/08).



Concepción Ambrona y Antonio Contador llegaron el 23 de Febrero de 1969, venían de Cheles y tenían tres hijos. Antonio era mozo de mulas, pero tuvo que emigrar a Alemania, por lo que la decisión de solicitar una parcela fue apoyada por Concepción. No conocían el regadío.

"Cuando nosotros llegamos el pueblo estaba todo hecho y ambueblado (de gente). Había muchísima gente, lo que es que luego se han ido yendo, ahogados de sacar tanto dinero del banco y no poder pagarlo. Se iban porque no podían vivir. Porque las parcelas eran chiqutitas y las cosas valían baratas. El kilo de tomates valía una peseata, y los abonos siempre ha habido que pagarlos, pagar rentas, etc. Nosotros hemos tirado 'a pelo y a pluma'. Yo he ido incluso a vender por ahí, en un R-6 que teníamos. Mi marido también ha ido a la fruta y también teníamos vacas" (28/04/08).


Sebastiana Chico llegó en 19687, cuando tenía 42 años. Proceden de Navlvillar de Pelas. Vivían en una finca de secano, por lo que no conocían el regadío. Estaban con los padres de Sebastiana y con sus cuatro hijos.

"A mí, la idea de venirnos para acá, me pareció muy mal al principio, pero luego me he alegrado. Estuvimos aquí sufriendo, porque no podíamos sembrar más que lo que ellos querían además, las parcelas eran muy pequeñas, pero luego tuvimos la suerte de que nos la agrandaron, y ahora tenemos 14 hectáreas" (28/04/08).




Antonio Albalá fue el Mayoral de Casar de Miajadas. Venía de Córdoba, donde se dedicaba a la agricultura y tenía cuatro hijos. Hizo el curso de capataz en Lérida. Cobraba 4.000 pesetas al mes, le daban la casa que él eligiese y un huerto de 0'75 áreas. Cuando llegó al pueblo, en 1967, ya había muchos colonos viviendo allí.

"El ingeniero me madaba la lista de los colonos que iban a venir el día que fuera y el sorteo lo hacíamos aquí: metíamos todas las papeletas de las parcelas que se iban a dar y cada uno sacaba la suya; yo se lo anotaba, le dábamos la parcela y luego ya, posteriormente, cuando se le hacía entrega de la parcela, pues se visitaba, le medíamos la tierra y lo que tenía que sembrar de una cosa, de la otra y de la otra, y les distribuíamos el terreno para que sembraran ellos. Luego ya les íbamos explicando lo que tenían que echar a cada cultivo... Y es que, aquí, había muchos que venían y no tenían ni idea de riego, ni de abonado, ni de nada. Pero luego, a la hora de aprender, hay quien tardaba más y con una parcela buena no producía, y hay quien tardaba menos y con una parcela mala producía más que aquel" (10/04/08).